PADRE, HAS CUMPLIDO
…igual que se estremece el cosmos….

Tal vez tus sueños no tengan la expresión entusiasta del sentimiento, pero tienen la fuerza del pensamiento y la reflexión en los largos períodos de soledad interna.
Tal vez no acudan, con la frecuencia deseada, las palabras de ternura para tus hijos, pero en cada acto de tu vida hay un acto de amor, silencioso, mas… elocuente para ellos.

Tal vez estás parado ahí, frente a tu hija enferma, inexpresivo, pero está rota tu alma de impotencia y de dolor por su dolor tu corazón.
Tal vez tu cara adusta y seria no reacciona cuando te cuentan sus sufrimientos en el trabajo, pero dentro de ti se tejen, y torturan, sentimientos encontrados por sus congojas.
Tal vez no ruedan por tus mejillas lágrimas de felicidad, cuando la vida les impacta positivamente, pero están manando de gozo tus plegarias de agradecimiento por sus triunfos, como fuente cristalina que prefiere correr por túneles ocultos.

Tal vez tu hijo camina por derroteros diferentes a los esperados o comparte sistemas de orden desiguales a los tuyos, pero cada vez que estrechas sus manos o le abrazas, o meces sus cabellos, sientes que esas diferencias incrementan tu amor.
Tal vez te ves tranquilo recorriendo el camino, diariamente, hacia el fin trascendente, pero se arruga tu corazón al pensar en el sufrimiento que tendrán tus hijos con esta despedida y quisieras, como los elefantes viejos, abandonar la manada, lentamente, sin que noten tu ausencia.
Tal vez, anciano ya, de ellos nada esperas, porque has decidido y sientes que es tuya la responsabilidad y no de ellos, pero crujen las fibras de tu ser, igual que se estremece el cosmos con deslumbrantes fuegos, cuando, aún sin concluir el camino te dicen, con palabras o con hechos:
“Padre, has cumplido”.

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