Por Andrés Oppenheimer. 21 de abril de 2024

Las dos instituciones financieras más importantes del mundo acaban de dar a conocer sus pronósticos económicos para América Latina y proyectan un crecimiento más lento de lo esperado para el 2024. Pero esa puede que sea la parte menos preocupante de lo que están vaticinando. Lo que encontré aún más preocupante leyendo los nuevos reportes del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial es que, probablemente por los dogmas jurásicos de muchos de sus presidentes, la región está perdiendo su mejor oportunidad en la historia reciente para convertirse en un éxito económico y reducir drásticamente la pobreza. Me refiero a la tendencia mundial hacia el “near-shoring” o “friend-shoring”, por la cual las grandes multinacionales estadounidenses y europeas están trasladando muchas de sus plantas manufactureras de China y hacia países más amigables o confiables, y en lo posible mas cercanos a sus mercados locales.

Ninguna región del mundo estaría mejor posicionada para aprovechar esta tendencia que América Latina. Sin embargo, las multinacionales están mudando muchas de sus fábricas de China a otras partes del mundo emergente, como India y otros países asiáticos, dice el informe del Banco Mundial. Esto es un mal augurio para Latinoamérica a mediano y largo plazo, agrega el banco. Según el FMI, la economía regional de América Latina y el Caribe crecerá sólo un 2% este año, por debajo de lo que había crecido el año pasado. La economía de Brasil se expandirá un 2.2%, la de México un 2.4%, la de Perú un 2.5%, la de Chile un 2%, la de Colombia un 1.1% y la de Argentina caerá un 2.8%, pronostica. Ambas instituciones internacionales dicen que América Latina será la región de menor crecimiento económico del mundo emergente este año y el próximo.

Las empresas multinacionales están tratando de depender menos de sus fábricas en China porque temen que, ya sea por tensiones políticas o económicas entre Washington y Beijing, puedan ver interrumpidas sus sus cadenas de suministros. Eso es lo que ocurrió cuando China cortó sus exportaciones de máscaras faciales a Estados Unidos al comienzo de la pandemia de COVID. Las multinacionales temen que eso pueda volver a pasar con otros productos y repuestos de China. Pero, sorprendentemente, a pesar de la voluntad de muchas grandes corporaciones multinacionales de diversificar sus fuentes de suministros, del aumento de los salarios chinos y la afirmación de la Secretaría del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, de que la “near-shoring” podría traerle “tremendos beneficios” a América Latina, la inversión extranjera en Latinoamérica ha venido disminuyendo considerablemente desde 2010, según el informe del Banco Mundial.

Aunque recientemente ha habido algunas inversiones extranjeras importantes en Chile, Brasil, Costa Rica, República Dominicana y Panamá, “en términos generales, la tendencia del “nearshoring” está pasando por alto a América Latina”, dice el reporte del Banco Mundial.” Sorprendentemente, México, a pesar de su proximidad a Estados Unidos, experimentó aumentos mucho más leves” de inversión extranjera que otros países, añade. Mi traducción: México, que produce muchos productos manufacturados como piezas de automóviles y productos electrónicos que se fabrican en China, debería ser el mayor beneficiario mundial de la tendencia del nearshoring, pero su gobierno se ha quedado dormido. Estados Unidos debería promover activamente el “nearshoring” en América Latina. Una de las mejores propuestas para lograrlo es la “Ley de las Américas”, un proyecto de ley bipartidista presentado recientemente en el Congreso por el senador republicano Bill Cassidy (Louisiana) y el demócrata Michael Bennet (Colorado) para contrarrestar la influencia de China en la región. El proyecto de ley invitaría a las democracias latinoamericanas que quieran hacerlo a unirse al acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá. La aprobación de esta legislación permitiría a más países latinoamericanos atraer plantas manufactureras de multinacionales que ahora están en China.

Según me dicen fuentes legislativas de Washington, Costa Rica y Uruguay ya han expresado interés en unirse a este potencial bloque comercial ampliado, y Chile, Colombia, Perú y Panamá lo están estudiando. En momentos en que América Latina es es la zona que menos crece del mundo emergente, el “nearshoring” podría ser un salvavidas económico para la región, y una importante herramienta de lucha contra la migración para Washington. El Congreso de Estados Unidos tendría que aprobar este proyecto cuanto antes.

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