Visto por Pascual Ruiz

LEONEL ESTRADA JARAMILLO. Nació en Aguadas, Caldas, el 19 de junio de 1921; escribo esta columna como un pequeño homenaje al mentor y amigo en sus ciento tres años de natalicio. Fue odontólogo de la Universidad de Antioquia, el primero en ortodoncia con un posgrado de una prestigiosa universidad norteamericana; por su consultorio pasaron como residentes muchos estudiantes que realizaban su especialización. Además, fue decano de la Facultad de Odontología y dirigió la cátedra de ortodoncia en niveles superiores.
Contrajo matrimonio con María Elena Uribe Echavarría, cuya familia era socia importante de Coltejer y quien se consagró como una destacada escritora en el ámbito nacional. Le brindaba especial cuidado a su familia: tuvo cuatro hijas y un hijo. Las tres hijas mayores se casaron y tuvieron un buen número de nietos; Beatriz se estableció en Bogotá, mientras que Luisa en México y María Isabel en Medellín. Natalia dedica su tiempo a espacios de ayuda espiritual a grupos femeninos; y Alberto, el único varón, es arquitecto de la Universidad Pontificia Bolivariana, también dedicado a la orientación espiritual.
Construyó una casa campestre, la llamó TAKNA, cerca de la Carretera a Envigado –hoy Avenida El Poblado– y del actual Centro Comercial Oviedo; actualmente estas especiales áreas dedicadas a la cultura las ocupan una docena de torres de apartamentos.


Tuve la oportunidad de ser invitado varias veces a compartir el almuerzo y posterior tertulia en TAKNA desde mediados de los años setenta, María Elena me invitó a crear pequeñas piezas artísticas espontaneas en medio de deliciosas tardes cuando mi caminar artístico empezaba. Recuerdo que el sábado cuatro de mayo de 1968 se inauguró la primera Bienal Iberoamericana de Pintura patrocinada por Coltejer, cuyo presidente era su cuñado Rodrigo Uribe Echavarría. Ello sucedió en el bloque que acababa de construir la Universidad de Antioquia para la Facultad de Física, en la Ciudad Universitaria en construcción; casi podría asegurar que ese edificio se inauguró con la Bienal y, paradójicamente, asistiendo al cierre de la Universidad de la Sorbona en París, como consecuencia de la revolución de mayo que marcó un hito en la historia de la sociedad occidental.
En el consultorio de Leonel la secretaria estaba en el último salón, Leonel era su propio recepcionista. Le preocupaban mucho mis retratos y pretendía que fueran lecciones de anatomía, en una de mis visitas buscó dentro de sus equipos de odontología un instrumento para medir el mentón, lo hizo con el mío y lo comparó con el resto del rostro, explicando la proporción.


Cuando mi obra ingresó en el campo de la constancia de los desarreglos sociales, cuestionó mucho que en ella incluyera monjas y obispos; me decía que, habiendo tanto para crear, no debía involucrar a los servidores de la Iglesia.
Asimismo, debo recordar que trató a mi hija Natalia con especial esmero por un desarreglo en la mandíbula; le puso todo lo necesario sin cobrar nada. Yo le correspondí con una obra de ciclistas que le robaron años después en un atraco en TAKNA; también realizó un esmerado trabajo a mi hijo Eduardo, a quien le tomó especial cariño. Incluso, después del desafuero que Oscar Mejía cometió conmigo –acompañado de la falta de temple de Leonel– en la selección de los artistas para la Cuarta Bienal de Arte, seguí frecuentando su consultorio. Le conté que esperábamos el nacimiento de nuestro segundo hijo (resultó hija) y aprovechó para invitarme a una actividad de formación en valores para el hogar y, a la vez, en temas agropecuarios; ya sabía que me había hecho cargo de la finca de mi padre tras su fallecimiento. Dudé en aceptar y, al final, lo hice; encontré allí una actividad formativa del Opus Dei que me gustó y, así, descubrí que Leonel integraba esta familia espiritual.
Cuando llegó el momento inexorable y la pica de los albañiles derrumbó Takna, santuario del arte, algunos de los murales fueron extraídos aplicando especiales técnicas y se conservan en el museo de Antioquia.

El deterioro social del centro de Medellín lo obligó a trasladar su consultorio al sector de El Poblado, buscó un lugar central, daba mucha importancia al trato con sus visitantes no pacientes, se instaló a una cuadra del parque, progresivamente fue reduciendo su atención profesional y en los últimos años no ejerció dedicado por completo al quehacer artístico e intelectual.
Periódicamente exponía sus creaciones artísticas, las últimas fueron organizadas por Arte Autopista donde exhibió las originales creaciones con temas inspirados en Santorini, en las que empleó técnicas muy originales, con fuego controlado incineraba la pintura buscando texturas que luego velaba con colores.
En marzo de 2012, la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia le otorgó el doctorado honoris causa.

23 de junio de 2024.
PASCUAL RUIZ URIBE.
Pintor.