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Visto por Pascual Ruiz

Jorge Vélez Correa nació en Risaralda, Caldas, el catorce de octubre de 1960. Su infancia y juventud transcurrieron en su tierra natal; luego empieza a estudiar dibujo y cerámica en la Escuela de Bellas Artes de Manizales, en 1977, y concluye en 1982. En ese momento, decide ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas para formarse profesionalmente en el campo del pensamiento, graduándose en 1983. Según él, no quería solo ser un pintor o escultor, porque el artista debe plantear postulados intelectuales en su quehacer.
Como hijo de un dentista, recibía de su padre los sobrantes del material empleado para realizar su labor; y Jorge modelaba las figuritas que imaginaba. Aún recuerda una figura desnuda modelada con cera, que describe como horrorosa, en la cual imaginó al esclavo de Miguel Ángel en la obra de Irving Stone: «La agonía y el éxtasis”.

Su faena artística comenzó como pintor, retratista e ilustrador; vendiendo estas obras pudo comprar materiales para avanzar en sus búsquedas. Luego de un buen tiempo, alquiló un garaje cerca al Hotel Las Colinas en Manizales al que bautizó como “Dédalos”, el mismo nombre que puso a su taller en Medellín; allí empezó a tallar sus primeras esculturas soñando con la oportunidad de convertirlas en monumentos públicos. Hizo retratos de grandes escritores e intelectuales caldenses como Rafael Arango Villegas o Javier Ramírez, muchos quedaron inconclusos.
Pasó del modelado a la talla en madera; sus estudios y búsquedas le permitieron darle mucha importancia a la tarea artesanal. Por eso, puso mucho en la calidad de los acabados; diría, atrevidamente, que heredado de su padre en su labor como dentista: ¿Quién, cabe preguntar, soportaría una pieza dental brusca dentro de su boca?
Así mismo, cuando Rodrigo Arenas Betancourt estaba ultimando los trámites para su obra pública en Manizales denominada “Bolívar Cóndor”, José Cirilo Henao los presentó; Arenas buscaba un escultor para que le ayudara en el proceso y el maestro Vélez llevaba una carpeta con fotos de obras de ese maestro y suyas. Ambos simpatizaron y después de una larga tertulia Arenas Betancourt lo trajo a su taller en Caldas para que hiciera la prueba durante un mes; la pasó y empezó su aprendizaje con el bronce. Así, pasó dos años –de 1989 hasta 1991– como escultor ejecutante en obras como el Cristo Cóndor, el monumento en Villavicencio para el que confeccionó uno de los potros, otro en Valledupar y el que realizó para la entrada de la sede del periódico El Colombiano de Julio C. Hernández.
Después, abrió su propio taller y sobrevivió esculpiendo cristos y caballos, aunque su actividad más fuerte eran los retratos; ganó varios concursos en poblaciones caldenses para hacer obras retratísticas y, poco a poco, fue ganando prestigio. Aquí, cabe recordar, ganó el concurso del Centro Comercial AVES María para realizar las obras del parque “Erato”.

No obstante, su ansia por aprender lo llevó a viajar por varios países europeos y se “coló” en el taller del maestro Fernando Botero en Pietrasanta; allí aprende la finura de acabados, ratifica su convicción dando importancia superior al oficio y no entiende como algunos pretenden sublimar al ser humano empleando un mal bronce.
Su obra fue evolucionando al aleteo de sus aves, de la figuración a la abstracción; fueron apareciendo las enseñanzas de Arenas, este muy duro –diría cruel a veces– en el proceso del maestro Vélez. Aprendió así la riqueza que las figuras tienen, la importancia al plasmar la cadencia, la voluptuosidad de la curva y la sensualidad del volumen redondeado.

En 1995 se vinculó al Museo El Castillo dirigiendo el taller de escultura. Y, debe añadirse, en su trayectoria no son muchas las exposiciones realizadas; al respecto recuerdo que estuvo presente con su propuesta en las diferentes versiones del certamen VIARTE en algunos de los cuales fui curador y director artístico, y siempre sus piezas se destacaron por su elaboración pulcra.


Ha recibido algunas distinciones: la Médaille D’Argent, de la Mondial Art Academia de Francia, en 2017; la Medalla de Plata, Premio Internacional de los Profesionales del Arte otorgada por la Mondial Art Academia de Francia, en 2019. Hizo viajes de estudio por Italia, Francia, Alemania, Austria, España, Estados Unidos, México, Perú, Ecuador y Chile.
Numerosos monumentos públicos suyos se pueden observar en Marmato, San José (Caldas), Pereira, Tuluá, Circasia, Fredonia, Pensilvania, Sabaneta, Neira, Manizales, Envigado, Bello, Carolina del Príncipe, Risaralda (Caldas), Itagüí, Guarne, Rionegro y Medellín. En fin, se trata de un artista con gran formación y que ha hecho contribuciones muy notables con su pulida obra.

Medellín, 01 de junio de 2.024.
PASCUAL RUIZ URIBE.
Pintor.