¡Dios salve a Colombia!

con nuestra acción valiente

En nuestros últimos editoriales hemos venido insistiendo en que es preciso saber, conocer, cuál es la ruta para poder dar los timonazos necesarios para llegar a donde realmente queremos que llegue nuestra nación.

Está muy visible el deterioro de las condiciones y de los valores de nuestra nacionalidad, porque como hemos dicho, siguen prevaleciendo todos aquellos aspectos de libertinaje, ya que el hombre parece no querer estar sometido a las leyes naturales, sino que prefiere rebelarse contra ellas, y hacer lo que individual o colectivamente le plazca.

Nuestra preocupación sigue siendo entonces, el futuro de la niñez, un futuro lleno de complejidades por las causas que hemos descrito y porque este entorno no les está brindando toda la capacidad necesaria para instrumentar su conducta hacia el deber ser que cada uno de nosotros llevamos en nuestro interior.

Bueno es entonces insistir en que el proceso educativo tiene que ser absolutamente revisado para enfocarse, fundamentalmente, en la reconstrucción, en el seguimiento, y en la práctica de esos valores del ser, antes que en la misma necesidad que se está presentando del saber científico y tecnológico. Van a pasar muchos años y van a seguir apareciendo voces de alerta, pero también van a continuar los ruidos de esa civilización que algunos llaman contemporánea y que se distingue precisamente por sus ansias de libertinaje.

Cuando aparecen entonces las ideas del no posible retorno a una nación próspera en su economía y en sus valores ancestrales, en su respeto por la vida, es cuando se hace más necesario que todos, absolutamente, todos, decidamos, cada uno desde nuestro liderazgo o desde nuestra individualidad, qué es lo que queremos hacer con esas familias que estamos creando, formando, preparando para una vida que ciertamente no pareciera tener color de rosa.

Tal vez deberíamos apelar a los liderazgos de nuestros políticos, pero los encontramos tan enfrentados en sus luchas de poder que poco espacio hay para que trabajen en leyes que permitan esa orientación que nosotros consideramos que necesita nuestro pueblo, porque primero habría que orientarlos a ellos, pero ellos, definitivamente, se orientan más por sus caprichos, por sus actitudes malversadoras de los fondos públicos o por sus intereses personales que por los intereses de nuestro pueblo. Aunque nos abstenemos de generalizarlo por los políticos de bien.

La nación que soñamos es entonces una nación con una gran sabiduría en todos los estadios del saber ya definidos por los antiguos griegos: el saber científico, el saber prudencial y el saber tecnológico, de tal manera que de ellos surjan hombres y mujeres diferentes, más preocupados por construir bienestar para todos, que por construir satisfacción a sus apetitos.

Esa nación soñada, hay que insistir, tenemos que seguirla construyendo para bien de todos los nacionales, de la misma patria, amenazada con falaces compromisos de paz que han sido imposibles de alcanzar y más amenazada por la inseguridad sin que haya una fuerza política, militar, del Estado que la pueda contener. Llamamos entonces a todos los colombianos de bien a levantar su voz, a protestar, a erguirse y aún si es preciso remover a quienes de la violencia han hecho su forma de vida, su forma de conducir a los pueblos, o su forma de buscar el bien de los pobres por la vía disuasora de las dádivas o las limosnas.

Porque, tenemos que insistir, en que el bien de los pobres no se consigue con asistencia; está bien asistirlos en sus momentos de calamidad urgente, pero el someterlos a dádivas constantes, solo crea una dependencia asqueante de otro ser humano manipulante; por eso es preciso frenar esa desilusión, ese desestímulo que hay para crear empleo, para crear empresas, a fin de fomentar las formas de generar riquezas de acuerdo con nuestra constitución.

Tal vez estamos repitiendo mucho, pero hay que gritar desde el fondo de nuestros corazones que Dios, con nuestra acción valiente, salve a Colombia.

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Reflexiones

 

* La actualización de los siguientes hechos conocidos durante la semana transcurrida, permitirá ayudar a decisiones empresariales:

Hecho 1. Seguros ante desastres: “En general, para el cliente que desee comprar una póliza para su hogar o su empresa, hay que saber que cada aseguradora tiene unas coberturas básicas, pero que es la persona quien debe identificar a qué riesgos o amenazas está más expuesta para así elegir el seguro que más le convenga.” (Fuente La República, 5 de julio de 2024).

Hecho 2. Trabajo de la mujer:El informe (del DANE) revela que durante el 2022 y 2023 se dedicaron en promedio 96.148 millones de horas anuales a trabajar tanto en actividades dentro de la frontera de producción como en actividades de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Del total de horas, las mujeres aportaron 54.902 millones de horas, es decir el 57,1 por ciento, mientras que los hombres participaron con el 42,9 por ciento, que representa 41.245 millones de horas dedicadas a trabajar. (Fuente El Tiempo. 6 de julio 2024).

Hecho 3: Para reducir la contaminación: “La alianza entre el Banco de Bogotá y Azimut Energía es un paso importante hacia un futuro más sostenible para Colombia. El patrimonio autónomo conformado tiene el potencial de generar ahorros significativos en energía, reducir las emisiones de CO2 y crear nuevos empleos en el sector de las tecnologías limpias. Las empresas interesadas en recibir parte de esta financiación podrán hacerlo a través de los canales de contacto de Azimut.” (Fuente el Nuevo Siglo. 4 de julio 2024).

Mensaje de la semana

 

Para que una nación progrese debe tener fe en sus dirigentes, pero el nivel de credibilidad de los colombianos en aquellos es bajo. (hsa)

Pregunta de la semana

 

¿Durante cuánto tiempo más, las grandes potencias de este mundo seguirán poniendo en vilo la paz del Universo?