PREGUNTA DE LA SEMANA
Sé buen trabajador y honrado

PREGUNTA DE LA SEMANA


¿Por qué escritores de tan humana calidad se dejan contagiar por el odio exacerbado de los politiqueros?

Las opiniones aquí emitidas son de responsabilidad exclusiva de quienes nos las envían.


¿ESCRITORES CONTAGIADOS?

Estimado Hernán:
Como de costumbre, reciba un nuevo artículo breve de colaboración de mi parte con el afecto y gusto habituales, motivado esta vez por su pregunta acerca de la crisis moral de los escritores.

LA CASI SEMPITERNA CRISIS DE LOS INTELECTUALES

Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia
Magíster en Educación Superior, Pontificia Universidad Javeriana

Desde hace un buen número de años, el fenómeno denominado como la crisis de los intelectuales ha merecido la atención de parte de varios pensadores, como Heinz Dieterich Steffan, quienes han aportado a la comprensión del mismo. De entrada, esto significa que el grueso de los intelectuales han vendido o alquilado sus plumas y sus conciencias al procaz capitalismo neoliberal, el cual, recordemos, siente un desprecio absoluto tanto por el ser humano como por la naturaleza, ambos objeto de explotación inmisericorde. Es decir, la mayor parte de los intelectuales han cedido al culto por el becerro de oro. Sin duda, poderoso caballero es don Dinero.
Entonces, he aquí una crisis que, a la vez, connota una paradoja de grandes proporciones, puesto que los intelectuales, si realmente lo son, deben poseer una feroz independencia de juicio, la cual es crucial para que su proceder sea realmente ético. De hecho, esto procuró demostrarlo a fines del siglo XIX, con suma gallardía, Émile Zola con motivo del caso Dreyfus, un episodio vergonzoso de antisemitismo manifiesto. Así, Zola es un ejemplo excelente de intelectual independiente con una alta estatura ética asociada a su hondo compromiso intelectual.
En nuestro medio, salta también a la vista esta postración vergonzosa de los intelectuales en los mentideros académicos y universitarios. Botón de muestra, en las facultades de ingeniería y ciencias, cabe apreciar a un buen número de profesores e investigadores que, seducidos por el cochino dinero, se prestan a realizar “investigaciones” que apuntan en la dirección de avalar los intereses inconfesables de empresas y multinacionales en detrimento del bienestar de nuestras poblaciones, como en el caso de lo que se ve en el sector minero. En suma, en una universidad, si queremos hallar un verdadero intelectual, con independencia de juicio y hondo compromiso intelectual con los sectores sociales menos favorecidos, es menester proceder a la manera de Diógenes de Sinope, esto es, ayudarnos con una linterna de tan siquiera 100.000 lúmenes en pleno día a ver si encontramos alguno. Todo lo demás es mera ilusión.
Por supuesto, este fenómeno execrable no queda reducido a los mentideros de marras habida cuenta de que en otros medios en los cuales hay intelectuales, como en los periódicos, las revistas y las emisoras, cabe detectar la misma situación, sin importar si son intelectuales de derecha o de izquierda. Sencillamente, hasta la sal se ha corrompido. De este modo, no debe sorprender que haya escritores que se hayan dejado llevar por los odios que tanto infestan el mundo de la política, pues, son escritores que forman parte de la crisis de los intelectuales, no de su posible solución si la hubiere.
Para concluir este breve texto, quiero enfatizar que, en mentideros como los antedichos, los pocos que procuramos estar al margen de tamaña podredumbre moral, hemos de evitar a todo trance el trato con los profesores y las profesoras, los investigadores y las investigadoras, que eluden a todas luces el compromiso intelectual que debería estar ligado a su quehacer por constituir una muestra patente de enanismo ético. En lo que a estas personitas concierne, lo mejor es no cultivar su amistad en modo alguno. Hemos de evitarlas a como dé lugar.
Un saludo cordial. Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas.


¿ESCRITORES CONTAGIADOS?

Podríamos decir que no escapan al deseo de tomar partido y tener una posición definida ante la sociedad. Es un mal que a muchos asalta.
Juan Carlos Gaviria Hincapié