RESPUESTAS
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RESPUESTAS A LA PREGUNTA: ¿DESCONTAMINAR LA POLÍTICA?

¿Cómo descontaminar la política de tanta maldad para que, quienes entran en ella con la intención noble de servir a los demás, no caigan en las trampas de los zorros politiqueros?


DESCONTAMINAR LA POLÍTICA

Estimado Hernán:
Con el afecto y gusto de siempre, le hago llegar este breve artículo de colaboración para el Correo de la Ética con motivo de su pregunta para esta semana sobre la podredumbre moral en la política.

PAREN LOS MONTES, NACERÁ UN RIDÍCULO RATÓN

Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia
Magíster en Educación Superior, Pontificia Universidad Javeriana
De entrada, una verdad de Perogrullo: la condición humana no tiene nada de angelical. No escasean precisamente las investigaciones relacionadas con las raíces de la maldad en el ser humano, tantas que su sola enumeración desbordaría con creces este breve artículo. Tan solo aludo aquí a aquellas de Marcelino Cereijido, Philip Zimbardo, Carlo Cipolla y Paul Tabori. En suma, como decía Santiago Ramón y Cajal, máxima gloria científica por antonomasia del mundo hispano, el ser humano es un animal de malos instintos, al punto que las únicas dos obras dignas de encomio que ha producido son la ciencia y el arte, puesto que, en todo lo demás, sigue siendo el último animal de presa aparecido. Ni siquiera la educación ha logrado refrenar tales instintos habida cuenta de que abruma la gran cantidad de egresados universitarios de diversa jaez que distan en mucho de ser seres con elevada estatura ética. Por ejemplo, resulta para mí algo sumamente enojoso pensar en la enorme cantidad de estudiantes que han pasado por mis cursos a lo largo de tres décadas y apreciar que la mayoría no dan la talla en lo que a la ética concierne. En otras palabras, si hiciese una lista de los estudiantes que he tenido en mis cursos que sí me satisfacen en lo ético, sería mucho más que suficiente una hoja de papel de tamaño de un octavo de carta.
Desde luego, el mundo de la política cuenta con no pocos egresados universitarios. De hecho, cuando pienso en políticos colombianos dignos de encomio por su alto proceder ético, cuesta trabajo armar una lista de tan siquiera unos cuantos al respecto. De momento, tan solo me vienen dos nombres a la mente: Carlos Gaviria Díaz y Jorge Enrique Robledo Castillo. Supongo que debe haber algunos más para añadir a la lista, pero temo que, quizás, no sean muchos. Así las cosas, cabe temer por lo que pueda pasarles a personas, buenas en principio y con deseos de servir a los demás, las que podrían ceder ante la corrupción. Al fin y al cabo, poderoso caballero es don Dinero y el oro es el excremento del demonio.
Acaso podría pensarse en controles y mecanismos de ingreso al mundo de la política para que solo quienes posean alta estatura ética puedan ingresar y los demás no. Por desgracia, no cabe albergar muchas esperanzas al respecto. De hecho, el mundo de las universidades públicas cuenta con mecanismos de convocatorias públicas para proveer cargos académicos, pero, como la realidad lo demuestra con harta crudeza, proliferan los crápulas como verdolaga en playa en los departamentos universitarios. En suma, he aquí un problema comparable al de Lot cuando trató de hallar siquiera un puñado de hombres justos en Sodoma o al de Diógenes de Sinope cuando buscaba en vano en Atenas un hombre justo a plena luz del día con linterna en mano.
Con todo, a despecho de este panorama dantesco, queda alguna lucecita de esperanza, puesto que, del mismo modo que hemos tenido lumbreras éticas en la política como Carlos Gaviria Díaz y Jorge Enrique Robledo Castillo, además de Jorge Eliécer Gaitán, no cabe descartar que puedan haber otras por el estilo. Eso sí, es menester que, como Gaviria y Robledo, quienes tengan alta estatura ética y se metan a hacer política en este berenjenal posean una solidez de principios y una buena presencia de ánimo para tratar con tantos halcones y tiburones. Es como procurar hacer buena labor académica en el mundo universitario, otro berenjenal, pese a los crápulas de marras.
Un saludo cordial.
Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas.


Si cada mandatario cuando llegara en verdad encontrara totalmente desocupadas la Alcaldía, la Gobernación o la Casa de Nariño, con su gabinete y con sus trabajadores medios y bajos, es decir contar de cero todo, se podría erradicar la mala semilla, pero mientras haya funcionarios y empleados de las administraciones anteriores seguirá la semilla mala pervirtiendo las buenas costumbres de los que llegan. Es una cultura que se impone como ley en la que llegan a decir "así es como se debe hacer el trabajo, así es como se hacen las cosas" y reimplantan las malas y viciosas costumbres de los anteriores así estos estén pagando cárcel, para ellos no es motivo de miedo, lo vuelven gajes del oficio y se dicen para sí, demalas esos que se dejaron pillar.
No hay buenas intenciones mientras no haya imparcialidad, mientras no haya una actitud clara contra la adopción a las prácticas comunes, ya establecidas en las instituciones, no se podrá renovar estas así sea por experimentales prácticas éticas.
La corrupción es de verdad una costumbre hecha cultura que necesita no buenas intenciones, no bastan nobles propósitos, bastan decididas actitudes de barrer con empleados y mandatarios, con concejales y ministros, con mensajeros y con barrenderos exagerando estos cargos porque dicen salir los grandes pero quedan los medios y los bajos que hacen o continúan el papel de los grandes que salen a medias.

JUAN CARLOS GAVIRIA HINCAPIÉ