RESPUESTAS
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RESPUESTAS A LA PREGUNTA: ¿DISCREPAR SIN OFENDER?

¿Por qué será que no podemos discrepar del otro, sin tener que ofenderlo?

Estimado Hernán:
Con el gusto y afecto acostumbrados, le envío este breve artículo de colaboración para El Correo de la Ética con motivo de su pregunta para esta semana sobre el odioso talante ofensivo de los colombianos.

EL PEOR ENEMIGO DE UN COLOMBIANO ES OTRO COLOMBIANO

Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia
Magíster en Educación Superior, Pontificia Universidad Javeriana

Cada vez que pienso en las buenas amistades que he forjado a lo largo de los años, se me vienen a la mente los nombres de varios amigos queridos de países como Argentina, Brasil, Cuba, España, Venezuela y Estados Unidos. De aquí, de Colombia, más bien pocos para añadir a dicha enumeración. Con esto, señalo que el modo de ser de los colombianos no suele prestarse para forjar amistades propiamente dichas. De hecho, es un modo de ser harto proclive a la envidia y muchas otras miserias humanas. Por ende, un modo de ser en el que la ofensa siempre está a flor de labios para agredir al otro a trochemoche y sin la menor consideración. No pocas veces sin motivo.
Y vaya que es harto frecuente “recolectar” ofensas en este país en el que el demonio y sus 50 millones de hijos caminan en dos pies. Si se le hace alguna objeción a un empleado de almacén, nos ofende; si osamos regañar a un niño malcriado por un mal comportamiento evidente, su zafia madre nos ofende; si ponemos en evidencia algún desliz ético de alguien, nos ofende; si no accedemos a ser uno de los banderizos de alguien, nos ofende; si no permitimos que algún cafre se meta en una fila, nos ofende. Y así por el estilo, ad nauseam. En semejante estado de cosas, viene a la mente una expresión franca de Fernando González Ochoa al referirse a los habitantes de este país: culos de humanidad. Por supuesto, el filósofo de Otraparte era un agudo y fino observador de la naturaleza humana.
Esto deja la sensación de que, con el tipo humano predominante en este país, no resulta factible forjar una sociedad altamente civilizada, por lo que una solución seductora es promover con insistencia la inmigración de personas altamente cultas de regiones del Primer Mundo. Ante todo, necesitamos de una buena semilla a este respecto. Necesitamos de lo mejor del espíritu y legado de Europa. Sencillamente, el colombiano medio no está hecho para la buena práctica de las artes de la argumentación. Es ante todo un ser bruto y altamente emotivo.
Piénsese en una de las grandes iniciativas de esta época: la fundación de colonias humanas más allá de la Tierra. Sobre esto, hay proyectos con cierto grado de madurez, lo cual incluye un conjunto de diversos criterios para la selección de las personas para constituir dichas colonias, personas que han de elegirse con sumo cuidado, pues, no se trata de enviar allá arriba a la hez de la humanidad. Por el estilo, conviene pensar en la reconstitución de países, regiones y sociedades en este planeta. ¿Qué nos ganamos los seres civilizados en tratar de coexistir con gentuza que no abandonará jamás sus malos instintos? Ante todo, hay que ser prácticos para abordar semejante problemática.
Un saludo cordial.
Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas.


La comunicación se ha convertido, últimamente, en otra manera de combatir, de pelear, de agredir, de demostrar el poder del uno sobre el otro, en ese orden de ideas lo que antes era un valor hoy es una barrera para convivir o compartir, para ser feliz, conocer al otro y llegar a amarle.

Juan Carlos Gaviria Hincapié